Nadie quiere hablar de la guerra
El viento estaba cambiando de dirección. Fue mi padre quien me enseñó a hacer eso: a leer los cielos de montaña en verano. Sigo haciéndolo, por costumbre, y a veces la gente se pregunta por qué de repente me detengo sin decir nada. Miro fijamente al cielo (…)
Por qué cantamos
Éramos más de ciento cincuenta. Me quedo alucinada cuando lo veo, y siempre hay un momento durante el concierto en el que me doy la vuelta. Para mirar. Ciento cincuenta personas, todas igual de voluntarias, que decidieron ofrecer su voz, su corazón, y pensar que merecía la pena. (…)
Cristo, incógnito
Éramos al menos unos sesenta coristas, y siempre es impresionante cuando somos tantos así; el público se engancha enseguida. Pero justo al principio del concierto, un tipo, un sintecho, empezó a meterse en medio, entre el público y nosotros, haciendo gestos raros, imitando la guitarra y cosas así; era un poco incómodo la verdad (…)
La traiettoria calante
Pietro Giannini, sobre el derrumbe del puente Morandi (Génova, 2018). Solo en el escenario, con poco más de veinte años. Su edad sorprende, es cierto. [Pero] el público participa, se involucra, y la carretera va pasando detrás de él, en una pantalla gigante. Sabemos adónde nos lleva todo esto, y la verdad es que preferimos no pensarlo demasiado. (…)
Cantando bajo la lluvia
¿La calle? Desierta. Sin embargo, empezando el espectáculo, parece que nuestras voces tienen el efecto de una hoguera en la noche. Automáticamente, la gente se detiene, se acerca (…)
El Cottolengo
Los enfermos, las hermanas y los voluntarios conviven cada día, pues y creo que la palabra que mejor describe esta institución histórica es la alegría de vivir. Aunque el trabajo es duro (…)
Un año más tarde
En este instante, preciosa. En paz. Hace una hora, bajaba del metro y, sudando, meditaba sobre la palabra "agobiada". Me cuesta no dejarme llevar últimamente. Esta noche les mentí a todos. (…)
“SI QUIERES ESCRIBIR,
si quieres crear, debes convertirte
en el tonto más sublime que Dios
jamás haya enviado a vagar.
Debes escribir
todos los días
de tu vida.
Tienes que leer libros terribles,
aberrantes y libros gloriosos,
y dejar que libran magníficas
batallas dentro de tu cabeza. (…)
Te deseo una lucha
con tu Musa
que durará una vida entera. (...)
Lo que últimamente significa:
que puedas enamorarte
todos los días
durante los próximos
20.000 días
y desde ese amor,
rehacer el mundo.
— Ray Bradbury

