Por qué cantamos
Éramos más de ciento cincuenta. Me quedo alucinada cuando lo veo, y siempre hay un momento durante el concierto en el que me doy la vuelta. Para mirar. Ciento cincuenta personas, todas igual de voluntarias, que decidieron ofrecer su voz, su corazón, y pensar que merecía la pena. (…)
Cristo, incógnito
Éramos al menos unos sesenta coristas, y siempre es impresionante cuando somos tantos así; el público se engancha enseguida. Pero justo al principio del concierto, un tipo, un sintecho, empezó a meterse en medio, entre el público y nosotros, haciendo gestos raros, imitando la guitarra y cosas así; era un poco incómodo la verdad (…)
Cantando bajo la lluvia
¿La calle? Desierta. Sin embargo, empezando el espectáculo, parece que nuestras voces tienen el efecto de una hoguera en la noche. Automáticamente, la gente se detiene, se acerca (…)
“SI QUIERES ESCRIBIR,
si quieres crear, debes convertirte
en el tonto más sublime que Dios
jamás haya enviado a vagar.
Debes escribir
todos los días
de tu vida.
Tienes que leer libros terribles,
aberrantes y libros gloriosos,
y dejar que libran magníficas
batallas dentro de tu cabeza. (…)
Te deseo una lucha
con tu Musa
que durará una vida entera. (...)
Lo que últimamente significa:
que puedas enamorarte
todos los días
durante los próximos
20.000 días
y desde ese amor,
rehacer el mundo.
— Ray Bradbury

