Déjame ser tu flor silvestre

 

Lo sentí,

una hermosa mañana de primavera,

mientras soñaba con estar en otro lugar,

con hacer algo importante.

Sentí que quizá podría dejarte entrar,

Por una vez,

quedarme tranquila,

dejar las ventanas bien abiertas

y recordar…

Lo que se siente al tener un Padre

al que pueda coger de la mano

y en el que pueda confiar,

para escalar montañas,

cruzar ríos,

trepar a los árboles

y susurrar entre las ramas…

Te lo prometo.

Que ya no les daré importancia

A esas cosas que desaparecen.

Que solo pensaré en tu paz,

O como dirían aquí, en tu justicia.

Te prometo.

Ser tu pequeña flor silvestre, Padre,

dulce,

amable,

que desaparecerá en un suspiro,

si así lo quiere tu viento.

Te prometo

servir,

y pensar solo en esto:

verlos felices,

cansarme

para que ellos puedan ser libres.

Te prometo

convertirme en tu refugio, tu hogar,

para que sepas que en mí,

puedes descansar.

Déjame ser tu flor silvestre, Abbá,

y te prometo dedicar el resto de mis días

haciéndote sentir en mi corazón

como en casa. —


 
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