Cristo, incógnito
Éramos al menos unos sesenta coristas, y siempre es impresionante cuando somos tantos así; el público se engancha enseguida. Pero justo al principio del concierto, un tipo, un sintecho, empezó a meterse en medio, entre el público y nosotros, haciendo gestos raros, imitando la guitarra y cosas así; era un poco incómodo la verdad (…)

